Puede ganar el PRI
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\par }\pard \qr\sl480\slmult1\nowidctlpar\widctlpar\adjustright {Luis Rubio
\par }\pard \qj\sl480\slmult1\nowidctlpar\widctlpar\adjustright {
\par Quiz\"e1 la gran paradoja pol\"edtica del 2000 resida en que el PRI sigue siendo el partido con m\"e1s probabilidades de ganar la elecci\"f3n presidencial. Las encuestas siguen favoreciendo al partido que ha gobernado (y con frecuencia
mal gobernado) al pa\"eds a lo largo de la mayor parte del siglo XX, a pesar de que la competencia partidista se ha convertido en uno de los factores m\"e1s patentes y visibles de la vida pol\"edtica del pa\"ed
s en la actualidad. El hecho de que el PRI siga siendo fa
vorito para ganar, por lo menos a estas alturas del partido, choca con las expectativas de muchos mexicanos que ven en la oferta de otros partidos alternativas a la permanencia del PRI en el gobierno. Pero lo significativo no se encuentra en el hecho de q
ue el PRI vaya a la delantera, sino en la paradoja que eso representa: el PRI se ha vuelto una maquinaria que vive de la inercia porque hace mucho que perdi\"f3 su legitimidad como detentador del poder.
\par
\par El gran reto que enfrenta el PRI es el de convertirse en un partido pol\"edtico, algo que nunca ha sido en su historia. El PRI y sus antecesores surgieron y se consolidaron como substitutos de sistema pol\"edtico, despu\"e9
s de que la lucha revolucionaria acabara con todas las instituciones pol\"edticas anteriores. El PRI logr\"f3 forjar una estructura pol\"edtica abocada a dos objetivos muy espec\"edficos: por un lado, a conducir, encauzar y controlar la participaci\"f3
n pol\"edtica de la poblaci\"f3n, en ocasiones a nivel individual, pero en la mayor\"eda de los casos a trav\"e9s de organizaciones gremiales, sindicales o similares; y, por el otro lado, a institucionalizar la competencia pol\"edtica entre los pol\"ed
ticos y los l\"edderes de las diversas organizaciones incorpor\"e1ndolas al partido a trav\"e9s de los llamados sectores (el obrero, campesino, popular y, en su momento, el militar) y haciendo del partido el \"fanico medio de acceso leg\"edtimo al poder.
\par
\par El PRI logr\"f3 pacificar al pa\"eds e institucionalizar la lucha pol\"edtica, lo que permiti\"f3 que los mexicanos experimentaran d\"e9cadas de paz social y un gradual progreso econ\"f3mico. Los m\"e9ritos hist\"f3ricos del partido son m\"e1
s que evidentes. Pero, en una democracia, la historia no es suficiente para garantizar la permanencia de un partido en el poder o incluso su subsistencia, m\"e1xime cuando el r\"e9cord hist\"f3rico del PRI no s\"f3lo incluye la pacificaci\"f3
n y el crecimiento econ\"f3mico sostenido en las d\"e9cadas de los cincuenta y sesenta, sino tambi\"e9n una secuencia de crisis econ\"f3micas, que es lo \"fanico que conoce la abrumadora mayor\"eda de los ciudadanos que tendr\"e1 la oportunidad
de votar el pr\"f3ximo a\"f1o. Y es ah\"ed donde la naturaleza del PRI choca con la noci\"f3n misma de construir una democracia en el pa\"eds.
\par
\par El PRI no naci\"f3 para la competencia democr\"e1tica ni se cre\"f3 para convencer al electorado de sus m\"e9ritos a trav\"e9s de procesos electorales frecuentes. Aunque el PRI se hace llamar \ldblquote partido\rdblquote , su l\"f3
gica no es la de un partido, sino la de una organizaci\"f3n pol\"edtica que dif\"edcilmente se distingue del gobierno en una gran diversidad de \"e1mbitos y cuyos objetivos van m\"e1s all\"e1 de la competen
cia formal por el poder. El PRI ciertamente cuenta con una formidable maquinaria electoral, pero tambi\"e9n con estructuras de control pol\"edtico, mecanismos de mediatizaci\"f3n de la participaci\"f3n electoral y pol\"ed
tica y con vinculaciones con el gobierno que son tan estrechas que es imposible determinar d\"f3nde comienza uno y d\"f3nde termina el otro. En todos y cada uno de esos \"e1
mbitos pretende actuar como el monopolio del poder y no como un actor sujeto a las decisiones del electorado. En adici\"f3n a lo anterior, muchos miembros del partido controlan medios de comunicaci\"f3
n, entidades sindicales y otras importantes fuentes de poder, todo lo cual hace sumamente dif\"edcil hablar de una competencia electoral equitativa.
\par
\par Mucho m\"e1s importante que lo anterior es el hecho de que un gobernante emanado del PRI, aunque sin duda tiene que negociar con todo el conjunto de intereses para poder gobernar, puede contar con esos grupos para realizar su cometido. Esto \"fa
ltimo fue patente en la reciente elecci\"f3n del nuevo presidente del partido, en la que jam\"e1s hubo duda de que el voto y la preferencia de los disciplinados miembros del partido, incluido el de un ex presidente y pariente cercano del \"fa
nico rival del candidato emanado de las filas del gobierno, ser\"eda en favor del sistema presidencialista. La gran interrogante no para el PRI sino para el pa\"eds es \"bfqu\"e9 ocurrir\"e1 con todos esos grupos e intereses el d\"ed
a en que el PRI ya no est\"e9 en el poder? Mientras el gobierno sea comandado por un miembro del PRI, as\"ed sea de poco agrado para los viejos miembros del partido, la l\"f3gica del partido seguir\"e1
imperando en todas sus formas. Una vez que eso cambie, el tema de la gobernabilidad se torna en el \"fanico relevante, en el equivalente del ox\"edgeno para los seres vivos.
\par
\par Si algo siempre ha caracterizado al PRI ha sido su preocupaci\"f3
n por la gobernabilidad. Todo en el PRI exuda el objetivo de asegurar la gobernabilidad: desde sus estructuras de control social hasta su incapacidad y rechazo, con frecuencia visceral, para transformar las instituciones y reg
las que, si bien sirvieron a la gobernabilidad en el pasado, dif\"edcilmente lo hacen en las condiciones del presente. Si por los pri\"edstas fuera, ser\"eda mejor retornar a los buenos tiempos de anta\"f1
o: sin competencia y sin problemas de legitimidad. Los pri\"edstas ven en el control de la poblaci\"f3n, de los medios de comunicaci\"f3n, de los procesos electorales, de las organizaciones sociales, sindicales y pol\"edticas y de los pol\"ed
ticos mismos, los medios para lograr la gobernabilidad. A la luz de esto, es parad\"f3jico que la erosi\"f3n de esos medios de control no haya venido acompa\"f1
ada de un reconocimiento cabal de que ahora la gobernabilidad tiene que construirse de una manera distinta. Es decir, a lo largo de las \"faltimas dos o tres d\"e9cadas el PRI ha experimentado una creciente erosi\"f3
n de su capacidad de control sobre la poblaci\"f3n y sobre la pol\"edtica en el pa\"eds. Ha perdido el control del aparato electoral y le es cada vez m\"e1s dif\"edcil mantener el control sindical; por m\"e1
s que sigue corrompiendo a los medios de comunicaci\"f3n, ha perdido el control de los mismos. Le quedan pocos bastiones de control casi absoluto, pero tambi\"e9n ah\"ed experimenta una erosi\"f3
n creciente. A pesar de lo anterior, el PRI se niega a reformularse como partido pol\"edtico, a abandonar el objetivo de control en favor del fortalecimiento institucional del pa\"eds m\"e1s all\"e1 de la \"f3rbita de los partidos pol\"edticos.
\par
\par En lugar de modernizar sus estructuras, desechar el corporativismo y buscar nuevas fuentes de sustento de una legitimidad moderna, el PRI ha acabado solapando toda clase de intereses y grupos que la minan a\"fan m\"e1s. Mientras que en el pasado, hace d
\"e9cadas, su sustento pol\"edtico y moral surg\"eda de los tres sectores del partido, hoy es fundamental el apoyo de organizaciones cuya esencia es la ilegalidad: desde taxist
as tolerados hasta comerciantes informales, invasores de tierras y narcotraficantes. Lo anterior no le ha restado capacidad de movilizaci\"f3
n, ni ha disminuido la eficacia de su maquinaria electoral, como bien lo demostraron sus triunfos a nivel estatal a lo largo de 1997 y 1998. Pero es interesante observar que un n\"famero cada vez mayor de candidatos pri\"ed
stas evitan asociarse en sus campa\"f1as al logotipo del PRI.
\par
\par En el proyecto de reforma de los \"faltimos gobiernos ha quedado relegado el tema de la reforma in
stitucional. Esto no ha sido por falta de conciencia o conocimiento sobre la importancia que reviste el asunto, pues ha habido una amplia agenda de debate que, bajo el t\"edtulo de \ldblquote reforma del Estado\rdblquote , se ha discutido por a\"f1
os hasta el cansancio. Sin embargo, muy poco se ha avanzado en buena medida porque el PRI se ha convertido en el principal impedimento, como lo muestra su negativa a aprobar la iniciativa de nueva Ley Org\"e1
nica del Congreso y la absurda demanda que inici\"f3 este partido contra algunos de los consejeros del Instituto Federal Electoral, a pesar de que el PRI es el partido que m\"e1s requiere de la legitimidad electoral que esa instituci\"f3
n otorga. El PRI, supuestamente el partido de las instituciones, se ha convertido en el principal impedimento al desarrollo institucional del pa\"eds.
\par
\par El desaf\"edo para el PRI es mucho mayor que el que enfrentan sus contrincantes. El problema del PRI es que no es un partido pol\"edtico ni puede competir como tal. Su dilema es muy simple: si compite como partido tiene que a
bandonar todas las estructuras (y pretensiones) de control que lo caracterizan. Pero abandonar esas estructuras implica perder todo tipo de beneficios, cotos de caza, fuentes de negocios y poder para sus principales miembros. La negativa a reformarse por
parte de muchos de sus miembros m\"e1s influyentes surge del c\"e1lculo que cada uno de ellos realiza de los costos y beneficios asociados al }{\i statu quo}{. El resultado de ese c\"e1lculo personal es m\"e1
s que evidente; pero el problema del PRI es que la suma de esos intereses personales ya no redunda en beneficios sino en costos para el partido, lo que se manifiesta en la baj\"ed
sima legitimidad del partido en su conjunto: el PRI puede seguir ganando elecciones, pero su capacidad de gobernar es cada vez menor.
\par
\par Para el PRI, el problema es c\"f3mo cerrar filas al interior del partido sin recurrir a la imposici\"f3n y c\"f3mo dedicarse a los votantes sin perder el apoyo de los grupos que tradicionalmente han sido su coraz\"f3
n. La realidad es que no hay manera alguna de lograr la legitimidad ante el electorado y a la vez salvar los intereses de sus miembros m\"e1s encumbrados. El PRI no tiene opciones: o contribuye a la construcci\"f3n de un nuevo sistema pol\"ed
tico en el que tenga la oportunidad de competir con legitimidad, o continuar\"e1 muri\"e9ndose poco a poco, hasta el punto en que pierda el poder, en \"e9sta o en una elecci\"f3
n posterior, dejando un mundo de incertidumbre e ingobernabilidad como legado. Quiz\"e1 nunca como hoy, los viejos intereses de los pri\"edstas est\"e1n tan contrapuestos a los del partido y del pa\"eds.
\par Fin de articulo
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