Vida y economía

Luis Rubio

Según una anécdota derivada de las Vidas Paralelas de Plutarco, un exhausto banquero estadounidense se encontraba descansando en una pequeña aldea pesquera en la costa yucateca. Todos los días observaba a un pescador salir de madrugada, regresar con unos cuantos pescados y luego mecerse en su hamaca, jugar con sus hijos  y tocar la guitarra con sus amigos. El banquero le preguntó si no querría que le ayudara a construir un gran negocio de pesca. El pescador pareció interesarse, así que el banquero siguió: juntaría yo a un grupo de inversionistas, comprarías varios barcos, montarías un gran negocio de pesca, procesamiento, enlatado y distribución. Podrías hacerte rico, aunque quizá tuvieras que mudarte a la ciudad de México o a Los Ángeles. ¿Y cuánto tiempo llevaría eso, preguntó el pescador? Unos quince o veinte años respondió el banquero. ¿Y luego qué? Ahí viene lo mejor, dijo el banquero: cuando sea el tiempo correcto colocaremos tu negocio en la bolsa de valores  y te convertirás en un hombre inmensamente rico. ¿Millones? ¿Y luego qué? Con una gran sonrisa, el banquero respondió: “pues con ese dinero te podrías retirar, salir en tu bote, pasarte horas en la hamaca, jugar con tus hijos y tocar la guitarra con tus amigos”.

La circularidad de la anécdota evoca muchos de los absurdos de la vida y obliga a reflexionar sobre su “para qué”. Aunque hay miles de libros dedicados a este tema, la mayoría de ellos de auto ayuda, quizá el último lugar en que uno hubiera esperado grandes lecciones en esta materia es en un texto de Adam Smith, el connotado intelectual del capitalismo quien en 1776 publicó su famoso libro La Riqueza de las Naciones. Russ Roberts acaba de publicar un divertido libro que traduce los conceptos de Smith en La Teoría de los Sentimientos Morales, 1759. El libro de Roberts, Cómo Adam Smith puede cambiar tu vida*, retrotrae al día de hoy los conceptos de Smith.

Como uno podría intuir de la anécdota inicial, todo el sentido de la obra de Smith, que parecería contradictorio con los mitos asociados a su libro más famoso, es la futilidad del dinero como camino para lograr la felicidad. Más que una crítica al materialismo, los Sentimientos se refieren a la capacidad que tenemos los humanos para auto engañarnos por la seducción que ejerce el dinero, el poder y la fama. “Esas seducciones nunca satisfacen”. La perspicacia de Smith, dice Roberts, reside en que “nuestro comportamiento es conducido por nuestra interacción constante con un espectador imparcial, imaginario”. No nos juzgamos a nosotros mismos por nuestros principios sino por lo que ese compañero imaginario piense de nuestro actuar. Ese “espectador” nos hace ver cualquier desviación respecto a nuestro propio código de comportamiento.

El punto medular que Roberts extrae del texto de Smith es que “la economía es sobre algo más importante que el dinero. De ahí que el libro de Smith se aboque a mapear un camino para que cada persona encuentre su propia felicidad. A pesar de la avaricia natural del ser humano, Smith afirma que el hombre es un ser profundamente moral. “Aunque se supone que el hombre es egoísta, evidentemente hay algunos principios en su naturaleza que le hacen preocuparse del bienestar de los otros y hacen que sea importante su felicidad para él”.

Para un autor inexorablemente asociado a la despiadada creación de riqueza como algo no sólo digno sino absolutamente legítimo, los Sentimientos ofrecen una perspectiva mucho más rica y completa de la visión de Adam Smith. Russ Roberts dedica su libro a explicar la lógica de la “guía de comportamiento” que escribió Smith a través de capítulos que llevan por título frases como las siguientes: “Cómo conocerte a ti mismo”, “Cómo ser feliz”, “Cómo no auto engañarte”. En su libro más famoso, Smith no escribió nada sobre altruismo, amabilidad o compasión. ¿Cómo puede ser esto? se pregunta Roberts.

El puente entre los dos libros, y entre la moral y la economía, que Roberts descubre se encuentra en la noción de que el egoísmo puede llevar a que otros se beneficien. Los hombres “se conducen por la mano invisible que hace posible la distribución de las necesidades de la vida y que… sin saberlo, avanzan los intereses de toda la sociedad y le crean condiciones para la reproducción de la especie”. La economía y la moral acaban siendo dos lados de una misma moneda y, por lo tanto, inseparable.

El próximo rector

Por muchas décadas después del 68 la UNAM fue abandonada como un espacio de efervescencia política donde el objetivo gubernamental era aislar al país del conflicto en lugar de construir una capacidad educativa trascendente. Un mejor proyecto y liderazgo a lo largo de los últimos años ha procurado compatibilizar las dos características de la universidad nacional: la universidad de masas con la institución de excelencia que caracteriza a muchos de los institutos de investigación. El próximo rector va ser clave porque determinará si la UNAM retorna al conflicto o consolida lo logrado y da el paso decisivo hacia la transformación que la educación, la economía y el país requieren para incorporarse exitosamente al siglo XXI.

De todos los candidatos a la rectoría sólo uno tiene un proyecto de futuro. Sergio Alcocer tiene amplia experiencia tanto en la UNAM como fuera y se caracteriza por una visión cosmopolita, indispensable para empatar la formación profesional con la demanda del mercado de trabajo y, a la vez, entiende bien el vínculo entre ciencia básica y aplicada.

*How Adam Smith Can Change your life, Penguin

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@lrubiof

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